Y eran las seis de la tarde. Te acercabas cada vez más, como si nada, como si nos conociéramos de toda la vida, y como si estuvieras juntos desde siempre.
Que después de un tiempo, cada uno por su lado, con sus amigos, pasándolo en grande, llegó la hora. Llego la hora de perdernos por ahí solos. Que después de tantos días, horas, minutos, segundos esperando por ese momento, llegó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario